¿Por qué es importante iluminar bien la estancia?
Es importante observar el tamaño de la cocina, de esta forma sabréis cuántos y qué tipo de focos usar, halógenos, tubos de neón,
etc. Por lo general se determina que si supera los 10 metros cuadrados,
se deben colocar al menos dos focos de intensidad media.
También hay que tener en cuenta el tipo de muebles que la integrarán, si será un estilo clásico, moderno, etc.
Estudiad también dónde deberán ir instaladas las luces, el foco de luz deberá
ayudaros a que podáis trabajar en la cocina de forma sencilla, sin que
os molesten las sombras, por lo cual tened cuidado de no colocar mal la
lámpara.
Elegid siempre las bombillas de bajo consumo con una potencia media de 26W.
Es recomendable que en algún mueble alto y en la zona de la vitrocerámica
o el fuego, también instaléis luces. De esta forma tendréis más zonas
de luz en la cocina y no estarán todas concentradas en un único punto.
Además es recomendable que cuidéis sobre todo la luz natural que entra a través de ventanas o terrazas, no uséis cortinas que impidan el paso de este tipo de iluminación.
Lámparas para la cocina
Ente los tipos de lámpara que podéis elegir:
- Down-light: focos halógenos redondos o cuadrados que se colocan empotrados en el techo y que son especialmente útiles para techos que no sean muy altos.
- Fluorescentes: otra de las opciones de iluminación más recurridas para cocinas. Son muy útiles en cocinas pequeñas donde solo es necesaria una iluminación general colocada en el centro. Además de dar una iluminación natural, es adecuada para cualquier modelo de cocina y evita tener grandes gastos.
- Regletas de focos: estas no deben usarse en exclusiva, sino que deben combinarse con algunas de las anteriores. Son útiles para colocar dentro o debajo de los muebles.
- Lámpara colgante: solo adecuadas para cocinas grandes y con techos altos. Son la opción menos recomendable, pues se manchan fácilmente y son de poca utilidad.
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miércoles, 8 de octubre de 2014
miércoles, 25 de junio de 2014
Cambiar las manetas de las puertas
Lo primero que tendremos que hacer será elegir el tipo de manilla que queremos poner. Tendremos que elegir una con el mismo tipo de pomo, es decir, si es alargado y rectangular o redondo.
Una manilla del mismo tamaño
Además, deberemos tomar las medidas y elegir una manilla lo más parecida posible a la que tenemos, ya que si alguna parte de la puerta que antes estaba tapada ahora queda al descubierto, puede estar algo descolorida. En este caso, una solución sería repasar la zona con pintura o barniz del color de la puerta para disimularla, pero si la zona descolorida es muy extensa, será difícil que pase desapercibida.
Una vez elegida la manilla que vamos a colocar, pasaremos a desmontar la que ya tenemos en la puerta. Buscaremos algún pulsador, pasador o tornillo que fije la manivela o pomo y lo pulsaremos o quitaremos para retirar la manivela. En este caso, es un pulsador.
Después, quitaremos el embellecedor haciendo palanca con un destornillador plano en una muesca que debe tener.
Al quitar el embellecedor, se habrán quedado a la vista 2 tornillos que tendremos que sacar, estos suelen estar enroscados en la manilla del otro lado con unos casquillos.
Cuando lo quitemos todo, saldrá la parte de dentro y la de fuera por cada lado, dejando únicamente en la puerta el mecanismo de la cerradura.
Como veremos, no podremos colocar otro tipo de manilla que no sea una parecida a la que teníamos o una redonda de 46 mm de diámetro como mínimo, ya que, si no, quedaría a la vista parte de la caja de la cerradura.
Colocar la nueva manilla en la puerta
Pasaremos a instalar la nueva manilla. Si viene premontada, habrá que desmontar uno de los lados, como vemos en la foto. Aquí podemos observar un lado completamente ensamblado, con los casquillos de unión, el cuadradillo que se inserta en la cerradura, el otro lado desmontado y una llave que sirve para desmontar el pomo de la manilla.
Insertaremos primero la parte ensamblada en un lado de la puerta, haciendo pasar a través de la cerradura el cuadradillo y los casquillos de unión. Presentaremos el soporte del otro lado, apuntaremos los tornillos y los enroscaremos.
A continuación, insertaremos el embellecedor.
Y ya solo nos quedará poner el pomo en su sitio y colocarlo hasta que encaje la pestaña, pasador o tornillo.
De esta sencilla manera habremos cambiado una manilla dorada con un aire más clásico por otra con pomo plateado que queda más moderna.
Una manilla del mismo tamaño
Además, deberemos tomar las medidas y elegir una manilla lo más parecida posible a la que tenemos, ya que si alguna parte de la puerta que antes estaba tapada ahora queda al descubierto, puede estar algo descolorida. En este caso, una solución sería repasar la zona con pintura o barniz del color de la puerta para disimularla, pero si la zona descolorida es muy extensa, será difícil que pase desapercibida.
Una vez elegida la manilla que vamos a colocar, pasaremos a desmontar la que ya tenemos en la puerta. Buscaremos algún pulsador, pasador o tornillo que fije la manivela o pomo y lo pulsaremos o quitaremos para retirar la manivela. En este caso, es un pulsador.
Después, quitaremos el embellecedor haciendo palanca con un destornillador plano en una muesca que debe tener.
Al quitar el embellecedor, se habrán quedado a la vista 2 tornillos que tendremos que sacar, estos suelen estar enroscados en la manilla del otro lado con unos casquillos.
Cuando lo quitemos todo, saldrá la parte de dentro y la de fuera por cada lado, dejando únicamente en la puerta el mecanismo de la cerradura.
Como veremos, no podremos colocar otro tipo de manilla que no sea una parecida a la que teníamos o una redonda de 46 mm de diámetro como mínimo, ya que, si no, quedaría a la vista parte de la caja de la cerradura.
Colocar la nueva manilla en la puerta
Pasaremos a instalar la nueva manilla. Si viene premontada, habrá que desmontar uno de los lados, como vemos en la foto. Aquí podemos observar un lado completamente ensamblado, con los casquillos de unión, el cuadradillo que se inserta en la cerradura, el otro lado desmontado y una llave que sirve para desmontar el pomo de la manilla.
Insertaremos primero la parte ensamblada en un lado de la puerta, haciendo pasar a través de la cerradura el cuadradillo y los casquillos de unión. Presentaremos el soporte del otro lado, apuntaremos los tornillos y los enroscaremos.
A continuación, insertaremos el embellecedor.
Y ya solo nos quedará poner el pomo en su sitio y colocarlo hasta que encaje la pestaña, pasador o tornillo.
De esta sencilla manera habremos cambiado una manilla dorada con un aire más clásico por otra con pomo plateado que queda más moderna.
miércoles, 18 de junio de 2014
Decoración para el verano
Llega el verano y con él la necesidad de renovarnos. Así que, al igual que lo hacemos con nuestro armario dándole un aire más fresco y colorido, a la hora de decorar nuestro hogar también debemos conocer las últimas tendencias para esta temporada.
Lo primero que debemos plantearnos es qué color queremos para las paredes. El verano es una buena época para cambiar de color nuestra casa. Las últimas tendencias son los colores claros que llenan de luminosidad las estancias. Apostaremos por el blanco, nunca cansa, aporta luz y podemos combinarlo con otros tonos en diferentes elementos.
Colores pastel, claros y nude
Si el blanco nos parece demasiado soso, podemos cambiarlo por un azul muy clarito, un beis o un amarillo, pero siempre muy suaves. Incluso, si queremos darle un toque algo más original a una habitación, podemos hacer uso del papel pintado con motivos navy que son las última tendencia para este verano.
Cuando hayamos elegido el color, llega la hora de elegir el mobiliario de forma adecuada. La funcionalidad es básica, deben ser elementos cómodos y útiles, pero no por ello menos atractivos. La madera blanca es siempre un acierto.
La importancia de los accesorios y los textiles
El siguiente paso será elegir los textiles: las cortinas, la ropa de cama, las mantas, las toallas... El algodón y el lino son los materiales que debemos elegir, son muy agradables al tacto y muy sencillos de limpiar sin estropearse. Son la mejor manera de darle un toque de color divertido a una habitación clara.
Hemos conseguido aportar luminosidad al hogar con los colores de las paredes y de los muebles, ahora toca el momento de darle colorido con los cojines, las cortinas y las toallas.
En cuanto a los objetos decorativos, como comentábamos antes, el estilo navy es la tendencia de este verano. Jarrones de cristal, caracolas, marcos con motivos marineros, mesas de mimbre, cajas de madera envejecidas... Cualquier accesorio es válido siempre que sigamos una coherencia decorativa.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Cómo limpiar suelo de gres
El suelo de gres o cerámica es uno de los más resistentes, pero también requiere de cuidados y mantenimiento diario a fin de mantenerlo siempre en perfectas condiciones. Debido a su larga durabilidad y variedad de colores y diseños, muchos lo escogen como base del hogar. A pesar de no resultar tan cómodo como la moqueta, por ejemplo, es más higiénico puesto que no retiene tantas bacterias. Como la mayoría de los materiales, el gres requiere de un mantenimiento constante para que luzca bonito durante el mayor tiempo posible.
Ahora explicamos como..
La primera limpieza es imprescindible realizarla tras la colocación, puesto que probablemente habrán quedado restos del material utilizado, como cemento o adhesivo. para ellos, necesitaremos ácido clorhídrico o muriático, que podemos encontrar en cualquier ferretería. En ambos casos, deberemos diluirlos en agua aplicando en un recipiente resistente el 90% de agua y el 10% de ácido o muriático. Al tratarse de productos altamente peligrosos, no hay que olvidar utilizar guantes de látex y mascarilla.
Mojaremos un cepillo de cerdas y frotaremos los restos de cemento, adhesivo, etc.., que hayan quedado en el suelo, veremos como salen facilmente.
Si no disponemos de estos productos, podemos sustituirlos por aguafuerte o salfumán. En ambos casos, hay que seguir las instrucciones indicadas en los envases para saber cómo diluirlos y la cantidad exacta necesaria.
Después de la primera limpieza, ya solo hay que mantenerlo de forma constante, tanto si el suelo de gres es esmaltado, rústico o de carácter porcelánico. Para ello, el primer paso es colocar soportes o deslizadores de fieltro en la base o esquinas de los muebles, de esta manera evitaremos dañarlo.
Para llevar a cabo la limpieza diarri del suelo de gres podemos utilizar cualquier producto no abrasivo, sobre todo si se trata del esmaltado o porcelánico, pues acabarían por eliminar el brillo. Así, es recomendable utilizar productos especificos para la limpieza del suelo pero que contengan jabones neutros. Simplemente lo diluiremos en agua, usaremos una fregona o esponja suave y luego pasaremos la mopa para un mejor mantenimiento.
Cuando le cae encima algún producto concreto, como grasa o pintura, o tiene manchas más difíciles, como las de humedad, existen una serie de trucos caseros que nos ayudarán a deshacernos de ellas fácilmente.
Para eliminar las manchas de grasa del suelo deberemos coger un recipiente, llenarlo de agua y diluir en ella un chorro de vinagre blanco o amoníaco. Cogemos un paño limpio, lo introducimos en la mezcla, escurrimos bien y frotamos la mancha de grasa. Para más eficacia, podemos añadir un poco del quitagrasas que tengamos en casa a la mezcla.
Para las manchas de humedad, símplemente debemos humedecer un paño limpio o esponja suave, con lejía y frotar las manchas suavemente. Hay que recordar usar siempre guantes con este tipo de productos.
Las manchas de cera, ya sean de vela o de depilación, es recomendable rascarlas en seco con una rascleta y luego frotarlas con un paño humedecido en vinagre caliente.
La mejor manera de eliminar las manchas de pintura es humedeciéndolas con un paño bañadop en vinagre. Cuando estén bien húmedas, las frotaremos con el mismo paño y veremos que rápido desaparecen. Este truco casero también sirve para las manchas de yeso. Y en caso de quedar algún resto, utilizaremos un decapante.
Si el suelo es de gres catalán o barro, debemos saber que este es el más delicado de todos y requiere de otros productos para su limpieza, independientemente de la mancha que tenga. Así, deberemos mezclar aceite de linaza cocido con esencia de trementina. Es muy importante que utilicemos la misma cantidad para ambos productos. Lo calentaremos al baño maría, humedeceremos un paño o la mopa y limpiaremos el suelo con la mezcla. Luego es aconsejable aplicar un producto protector especial para esta tipología de gres o cera líquida.
En cuanto a la limpieza de las juntas de las baldosas solo necesitaremos un cepillo de dientes y lejía. Mojaremos el cepillo en el producto y limpiaremos suavemente las juntas hasta que queden limpias. Siempre es preferible que sean de tonos oscuros para evitar que se perciba el paso de los años, el cual las oscurece, pero con este truco conseguiremos que, sean del tono que sean, duren más tiempo impecables.
Ahora explicamos como..
La primera limpieza es imprescindible realizarla tras la colocación, puesto que probablemente habrán quedado restos del material utilizado, como cemento o adhesivo. para ellos, necesitaremos ácido clorhídrico o muriático, que podemos encontrar en cualquier ferretería. En ambos casos, deberemos diluirlos en agua aplicando en un recipiente resistente el 90% de agua y el 10% de ácido o muriático. Al tratarse de productos altamente peligrosos, no hay que olvidar utilizar guantes de látex y mascarilla.
Mojaremos un cepillo de cerdas y frotaremos los restos de cemento, adhesivo, etc.., que hayan quedado en el suelo, veremos como salen facilmente.
Si no disponemos de estos productos, podemos sustituirlos por aguafuerte o salfumán. En ambos casos, hay que seguir las instrucciones indicadas en los envases para saber cómo diluirlos y la cantidad exacta necesaria.
Después de la primera limpieza, ya solo hay que mantenerlo de forma constante, tanto si el suelo de gres es esmaltado, rústico o de carácter porcelánico. Para ello, el primer paso es colocar soportes o deslizadores de fieltro en la base o esquinas de los muebles, de esta manera evitaremos dañarlo.
Para llevar a cabo la limpieza diarri del suelo de gres podemos utilizar cualquier producto no abrasivo, sobre todo si se trata del esmaltado o porcelánico, pues acabarían por eliminar el brillo. Así, es recomendable utilizar productos especificos para la limpieza del suelo pero que contengan jabones neutros. Simplemente lo diluiremos en agua, usaremos una fregona o esponja suave y luego pasaremos la mopa para un mejor mantenimiento.
Cuando le cae encima algún producto concreto, como grasa o pintura, o tiene manchas más difíciles, como las de humedad, existen una serie de trucos caseros que nos ayudarán a deshacernos de ellas fácilmente.
Para eliminar las manchas de grasa del suelo deberemos coger un recipiente, llenarlo de agua y diluir en ella un chorro de vinagre blanco o amoníaco. Cogemos un paño limpio, lo introducimos en la mezcla, escurrimos bien y frotamos la mancha de grasa. Para más eficacia, podemos añadir un poco del quitagrasas que tengamos en casa a la mezcla.
Para las manchas de humedad, símplemente debemos humedecer un paño limpio o esponja suave, con lejía y frotar las manchas suavemente. Hay que recordar usar siempre guantes con este tipo de productos.
Las manchas de cera, ya sean de vela o de depilación, es recomendable rascarlas en seco con una rascleta y luego frotarlas con un paño humedecido en vinagre caliente.
La mejor manera de eliminar las manchas de pintura es humedeciéndolas con un paño bañadop en vinagre. Cuando estén bien húmedas, las frotaremos con el mismo paño y veremos que rápido desaparecen. Este truco casero también sirve para las manchas de yeso. Y en caso de quedar algún resto, utilizaremos un decapante.
Si el suelo es de gres catalán o barro, debemos saber que este es el más delicado de todos y requiere de otros productos para su limpieza, independientemente de la mancha que tenga. Así, deberemos mezclar aceite de linaza cocido con esencia de trementina. Es muy importante que utilicemos la misma cantidad para ambos productos. Lo calentaremos al baño maría, humedeceremos un paño o la mopa y limpiaremos el suelo con la mezcla. Luego es aconsejable aplicar un producto protector especial para esta tipología de gres o cera líquida.
En cuanto a la limpieza de las juntas de las baldosas solo necesitaremos un cepillo de dientes y lejía. Mojaremos el cepillo en el producto y limpiaremos suavemente las juntas hasta que queden limpias. Siempre es preferible que sean de tonos oscuros para evitar que se perciba el paso de los años, el cual las oscurece, pero con este truco conseguiremos que, sean del tono que sean, duren más tiempo impecables.
miércoles, 23 de abril de 2014
Bolsillos de pared
Buenos días, después de volver de estas minifiestas de Semana Santa, para no ponernos tan rápido a tope de trabajo, hoy en vez de dejaros un consejo de bricolaje os traemos más bien una manualidad, para estar un ratito entretenidos y pasar el rato haciendo algo útil igual para nuestro hogar.
Cada año que pasamos en nuestro hogar son más los utensilios que vamos acumulando y a los que no encontramos sitio. Si a esto le sumamos el tener niños en casa, el caos puede apoderarse de todo nuestro hogar. Por ello, os queremos enseñar a hacer un sencillo organizador que consiste en una tela con bolsillos para colgar en la pared en el que podremos guardar todo lo que queramos.
Al ser de tela, siempre que no lo queramos usar, podremos doblarlo y guardarlo sin ocupar apenas espacio y tenerlo así a mano para la próxima ocasión en la que queramos volver a colgarlo.
Cortar y coser
En primer lugar, deberemos cortar un trozo cuadrado de tela del tamaño que queramos que sea nuestro organizador y redondear los bordes para que el resultado sea más vistoso.
Para hacer los bolsillos son necesarios dos cuadrados de tela de un tamaño que dependerá de lo que vayamos a introducir dentro. Lo normal es que se use para guardar zapatos o juguetes de los niños, por lo que se recomienda tirar por lo alto a la hora de establecer medidas.
Se superponen las dos telas y se cosen por tres lados, dejando uno sin coser para poder introducir lo que queramos y formar así el bolsillo. Una vez cosidos, se dará la vuelta a la tela desde dentro para que las costuras queden en la cara interna.
El siguiente paso será colocar los bolsillos en el cuadrado grande de tela. La disposición irá en gustos, pudiéndose dar multitud de combinaciones diferentes y agregar todos los bolsillos que queramos.
Colgar el organizador
Por último, dependiendo de la forma en que queramos colgar nuestro organizador, deberemos realizar unos acabados u otros. Si, por ejemplo, únicamente queremos ponerlo en la pared, con unos clavos o chinchetas será suficiente. Si por el contrario queremos colgarlo de una barra como las de las cortinas, tendremos que cortar dos tiras de tela que pondremos en la parte superior de la tela y que engancharemos por ambas caras mediante un corchete para poder quitarlo y ponerlo siempre que queramos.
Otra opción es sujetarlo mediante una percha que deberemos introducir en un dobladillo realizado en la parte superior de la tela grande.
Cada año que pasamos en nuestro hogar son más los utensilios que vamos acumulando y a los que no encontramos sitio. Si a esto le sumamos el tener niños en casa, el caos puede apoderarse de todo nuestro hogar. Por ello, os queremos enseñar a hacer un sencillo organizador que consiste en una tela con bolsillos para colgar en la pared en el que podremos guardar todo lo que queramos.
Al ser de tela, siempre que no lo queramos usar, podremos doblarlo y guardarlo sin ocupar apenas espacio y tenerlo así a mano para la próxima ocasión en la que queramos volver a colgarlo.
Cortar y coser
En primer lugar, deberemos cortar un trozo cuadrado de tela del tamaño que queramos que sea nuestro organizador y redondear los bordes para que el resultado sea más vistoso.
Para hacer los bolsillos son necesarios dos cuadrados de tela de un tamaño que dependerá de lo que vayamos a introducir dentro. Lo normal es que se use para guardar zapatos o juguetes de los niños, por lo que se recomienda tirar por lo alto a la hora de establecer medidas.
Se superponen las dos telas y se cosen por tres lados, dejando uno sin coser para poder introducir lo que queramos y formar así el bolsillo. Una vez cosidos, se dará la vuelta a la tela desde dentro para que las costuras queden en la cara interna.
El siguiente paso será colocar los bolsillos en el cuadrado grande de tela. La disposición irá en gustos, pudiéndose dar multitud de combinaciones diferentes y agregar todos los bolsillos que queramos.
Colgar el organizador
Por último, dependiendo de la forma en que queramos colgar nuestro organizador, deberemos realizar unos acabados u otros. Si, por ejemplo, únicamente queremos ponerlo en la pared, con unos clavos o chinchetas será suficiente. Si por el contrario queremos colgarlo de una barra como las de las cortinas, tendremos que cortar dos tiras de tela que pondremos en la parte superior de la tela y que engancharemos por ambas caras mediante un corchete para poder quitarlo y ponerlo siempre que queramos.
Otra opción es sujetarlo mediante una percha que deberemos introducir en un dobladillo realizado en la parte superior de la tela grande.
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